domingo, 2 de febrero de 2014

LA INCREDULIDAD EN EL CRISTIANO



LA INCREDULIDAD EN EL CRISTIANO


INTRODUCCIÓN:

Cuando decidimos entregar nuestra vida a Cristo, experimentamos mucha alegría, ilusión y esperanza, estamos expectantes a los cambios que Dios va a realizar en nuestra vida. Espiritualmente recobramos la inocencia de observar y creer todo y esperamos ansiosos el cumplimiento de sus promesas, especialmente aquellas que más directamente nos afectan. Es un tiempo muy bonito pero no dura demasiado, enseguida nos introducimos en el desierto, comienzan las pruebas y el camino que antes parecía sencillo, se torna árido y... todo se viene abajo, en especial para quienes no soportan las pruebas y pasan largos años de su vida viviendo un cristianismo mediocre, y lleno de frustraciones. Con el tiempo, por desgracia para estos creyentes, su estado postrero es casi siempre peor que el primero.

Llegados a este punto, nos preguntamos que ha podido ocurrir, en que nos hemos equivocado y empezamos a dudar del amor de Dios e incluso de sí realmente existe.

Cuando llegamos a esta situación tan dramática puede ocurrir tres cosas:

  1. Que abandonemos.
  2. Que nos conformemos a la derrota.
  3. Que seamos sabios y tomemos la decisión de cambiar de aptitud y luchar para gozar de las promesas de Dios, entendiendo que ser cristiano es luchar contra corriente.

¿CUÁL ES LA VOLUNTAD DE DIOS PARA NOSOTROS AQUÍ Y AHORA?

  1. Que salgamos de la esclavitud del mundo y gocemos de una vida plena con Él.
  1. Que confiemos en Él, le creamos de todo corazón y con toda nuestra mente.
  2. Que gocemos de sus promesas aquí y ahora, promesas de paz, gozo, salud... etc. Que disfrutemos de una calidad de vida espiritual digna de un hijo de Dios.

Ahora bien, si esto es lo que Dios quiere:

¿POR QUÉ UNOS VIVEN EN DERROTA Y OTROS EN VICTORIA?

Si hacemos una mirada retrospectiva trasladándonos a lo que fue la salida del pueblo de Israel de Egipto, observaremos que juntamente con los israelitas salió una gran muchedumbre de otros pueblos.

Partieron los hijos de Israel de Ramasés a Sucor, como seiscientos mil hombre de a pie, sin contar los niños.

También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas y muchísimo ganado”    Éxodo 12: 37-38

Egipto simboliza “el mundo y sus deseos”; a diferencia de la Tierra Prometida hacia la que se dirigían que significa “el reposo de Dios”.


Si tuviéramos que hacer una clasificación de todos los que salieron camino de la Tierra Prometida, nos encontraríamos tres tipos diferentes de personas:

1. Los que iban con el pueblo pero no eran del pueblo.
2. Los que eran pueblo pero su incredulidad les impedía fiarse en Dios.
3.Los que también eran pueblo, pero a diferencia de estos permanecían fieles a Jehová pese a las pruebas y dificultades.


Estos últimos representaban el remanente de Dios.

    1. Extranjeros que salieron con el pueblo hebreo hacia Egipto.

Simpatizaban con ellos, compartían bendiciones, gozaban de la protección y cuidado de Dios, comían del mismo alimento (el maná)... Pero no eran pueblo, nunca llegaron a heredar de la tierra prometida, en realidad solo buscaban los beneficios materiales, carecían de visión espiritual.

Estas personas llegaron a causar graves problemas a Israel.

Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.” Números 11: 4 –6

Moisés ante esta provocación del pueblo habla con Dios y le dice:

Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos. No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.” Nm. 11: 11 – 15


A lo que Jehová respondió:

Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?” Nm. 11: 18 – 20

Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra. Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del campamento.

Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande. Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.”
Nm. 11: 31 – 34

En las iglesias denominacionales también existen los llamados “extranjeros”, es decir, los que están en la congregación pero no son parte de ella. A la mínima dificultad salen, arrastrando consigo a parte del pueblo, poniendo en peligro su salvación.

El maná era un alimento completo en sí mismo. El cristiano va a encontrar en la Palabra de Dios el alimento que necesita para desarrollar su vida espiritual. Así como los “extranjeros” en el A.T. deseaban introducir en su dieta otros elementos como la carne, los llamados “extranjeros” en la Iglesia, van a intentar adulterar los principios de Dios debido a que el mundo y su manera de vivir, les atrae demasiado como para renunciar a el y lo justifican.

El mayor peligro que corren estas personas es su ceguera espiritual.

El mundo no da vida. Solo en Cristo podemos encontrar vida y vida eterna.

Estas son las personas a las que se refería Jesús en su parábola del trigo y la cizaña. Leed Mateo 13: 36 –43


2. Los que si eran parte del pueblo de Israel pero su incredulidad les impedía fiarse en Dios.

    Es increíble como un pueblo que había visto con sus propios ojos los milagros y maravillas de Dios dudaran de Él. No fiándose de su Palabra enviaron espías para inspeccionar por ellos mismos la tierra que iban a conquistar, y el resultado fue desastroso, la cruda realidad les aplastó y cundió el pánico en toda la congregación, así como la duda, la cobardía y la rebelión.

Fue el pecado de incredulidad la causa que les impidió tomaran posesión de su heredad.

La consecuencia fue que esa generación incrédula rodó durante cuarenta años en el desierto y nunca pudo gozar del Reposo de Dios (La Tierra Prometida). Se caracterizaban por su continua queja y murmuración.

En las Iglesias encontramos gran número de creyentes incrédulos, y aunque esto parece una contradicción es así.

Estas personas están involucradas de manera activa en la congregación, sin embargo, a pesar de ser parte de la misma, actúan conforme a sus propios criterios y razonamiento, en vez de buscar la guía en la Palabra de Dios. Se rigen más por los principios del mundo que son los que conocen.

El resultado es una vida espiritual basada en las emociones, y llena de frustraciones, amargura y tristeza.

Espiritualmente hablando son personas pasivas, no luchan, en el fondo creen que algún día todo cambiará y Dios hará el milagro de cambiar su situación.

Esto es un engaño, las cosas no cambiarán por sí solas. Es nuestra aptitud la que va a determinar lo que vamos a recibir:

-Bendición o
-Maldición.
Es nuestra incredulidad la que bloquea el poder de Dios para que se cumplan sus promesas.

Si te encuentras en esta situación, pregúntate: ¿hasta cuando voy a rodar por el desierto a causa de mi incredulidad?

¿Por qué no decides hoy mismo fiarte de Dios con todo tu corazón y darte una oportunidad de comprobar todo cuanto Dios puede hacer por ti?

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” Santiago 1: 2 –12


Dios se compadece de cuantos se encuentran en esta situación, sabe de nuestro sufrimiento, pero por cuanto nos ama, permite que pasemos por pruebas y dificultades para nuestro crecimiento espiritual. No tengamos temor a pasar por ellas, si resistimos creceremos en madurez y en fe.

3. Los que también eran pueblo, y permanecían fieles a Jehová pese a las pruebas y dificultades.


Estos son aquellos que como Josué y Caleb, decidieron ver con los ojos del Espíritu y no con los ojos de la carne. No perdieron la ilusión y la fe frente a las dificultades que se iban a presentar a la hora de conquistar la Tierra Prometida, decidieron creer que el poder de Dios es más grande que cualquier impedimento que se presente en nuestra vida.


Son aquellos que no ven las dificultades como obstáculos, sino un medio para que Dios se glorifique. A mayor dificultad mayor milagro.

Son los que se entregan a Cristo y a su obra en cuerpo, alma y espíritu, los que se fían de Dios plenamente y luchan para conquistar las promesas.


Este es el grupo de personas al que estamos llamados a pertenecer.

Si eres cristiano de verdad, no te conformes con una vida mediocre, levántate, pelea por ti y por los tuyos, deja de auto-compadecerte, deja las dudas y el miedo, Dios respalda a los que luchan y se esfuerzan en hacer su voluntad.

¿Por qué renunciar a tener paz y gozo en nuestra vida?

¿Por qué renunciar a tener un hogar donde reine la armonía?

¿Por qué renunciar a pelear por la salvación de las personas que quiero?

No olvidemos que la TIERRA PROMETIDA no fue habitada al momento de llegar, sino que hubo de ser conquistada palmo a palmo, y en muchos caso con bastante resistencia por parte de sus moradores, pero la victoria era de Israel mientras este confiara en Jehová.

NO DEJES PERDER TU HEREDAD

Tres son los requisitos que necesitamos para vencer:

  • Creer a Dios (fiarte de Él de todo corazón)
  • Obedecer su Palabra (ponerla por obra).
  • Aplicar disciplina (poner orden en tu vida y tu hogar)

CONCLUSIÓN

Tres son las clases de personas que vamos a encontrar en la Iglesia de Cristo:

  1. Los que simpatizan con ella pero no son parte de la congregación. No soportan las pruebas ni las dificultades, solo buscan las bendiciones y no se comprometen.
  2. Los creyentes incrédulos, que pese a ser salvos viven en continua derrota. Son aquellos que miran a través de los ojos de la carne. Están dominados por su razonamiento y sus propios criterios. Necesitan desesperadamente cambiar de aptitud y tomar la decisión de creer a Dios y poner por obra su Palabra.
  3. El remanente fiel, los que deciden creen y seguir a Dios, aquellos que ven con los ojos del Espíritu. Los que con su lucha y su esfuerzo logran conquistar y gozar de las promesas.
Tres son los requisitos para llegar a ser parte de este remanente:

    Creer a Dios (fiarte de Él)
    Obedecer su Palabra (Ponerla por obra)
    Aplicar disciplina (ordenar tu vida y tu hogar)

ORACIÓN:

Que el Dios de esperanza nos llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundemos en esperanza por el poder del Espíritu Santo.


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