jueves, 6 de noviembre de 2014

TESTIMONIO: DIOS LLENA TODO VACÍO INTERIOR Y SANA TODA DOLENCIA



DIOS LLENA TODO VACÍO INTERIOR Y SANA TODA DOLENCIA


Conocí al Señor en Agosto de 1990 y fue lo mejor que me pudo pasar en toda mi vida.

Bien, el caso es que yo tenía un negocio y se podría decir que era casi un imperio en el que se movía mucho dinero, tenía en nómina a sesenta personas y como os podéis imaginar requería mucho esfuerzo y atención, lo que me llevó a vivir solo para el negocio. Esto al poco tiempo paso factura y debido al estrés y al ritmo de vida que llevaba caí enfermo con una trombosis, quedándome toda la parte derecha inútil: boca, brazo y pierna. apenas podía hablar y el médico me prohibió toda actividad en el trabajo.

Cuando comencé a encontrarme mejor no pude resistir el volver al trabajo, y comencé a ir a la oficina, pero esto provocó que a los quince días me volviera a repetir la trombosis, y esta vez fue peor.

En mi desesperación cambie de médico, por cierto que este médico era muy religioso y su receta fue preguntarme si estaba preparado, le pregunté que quería decir  y él me dijo que si y creía estar preparado para morir. Me enfadé muchísimo porque la situación en la que me encontraba apuntaba a lo peor y cuando esperaba que me recetara algún medicamento que me sanara me salió con esta clase de comentario ¡¡Que si estaba preparado!!

Aquella noche no encontré consuelo y estaba cada vez peor de ánimo, así que pregunté a mi esposa si se acordaba de rezar, pues yo perdí la costumbre hacía mucho tiempo. Ella, que tampoco se acordaba,  me dijo que rezara el Padrenuestro. Unos días después le dije a mi madre si tenía un misar, es decir, un libro en el que puedes encontrar muchas clases de rezos, pero me dio un Nuevo Testamento, cuando llegué a casa y se lo mostré a mi esposa ella me dijo que nosotros ya teníamos una Biblia la cual contenía el Nuevo Testamento además del Antiguo. Era una Biblia muy grande y llena de polvo de no usarla, así que la cogí y comencé a ojearla.

Yo tenía necesidad de algo pero no sabía de qué, y un vacío tan grande que ni todo el oro del mundo hubiera podido llenar, y lo que era peor, no sabía como llenar ese vacío en mi interior, me encontraba tan mal que estaba convencido de que iba a morir.


Recuerdo un domingo, me encontraba en el salón de casa, sentado en un sillón de espaldas a la ventana y con la Biblia abierta encima de la mesa, estaba sumamente deprimido, tanto que creía morir, miraba la Biblia y no le hacía  ni caso, pensaba que todo era inútil y mentira, que no había Dios, que esta vida era una porquería, que no eramos nada, simplemente estábamos de paso por la vida y nada más, en ese momento que pensaba en todas estas cosas noté como dos manos abiertas me cogían por la espalda y me desplazaban, es decir me empujaban hacia adelante, en dirección a la mesa en la que se encontraba la Biblia abierta, al llegar a su altura caí de rodillas con la cara pegada a las páginas de la Biblia. Por un momento pensé: ¡voy a morir! ¿Qué me está pasando? ¿Quién hay detrás de mí?. Miré a las Escrituras y en medio de tantas letras la mirada se centró en la frase: "Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí" , después de leerlo dos veces dije en voz alta:

 "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí, perdona mis pecados y sáname, Dios mío, ayúdame, te necesito"

Después de repetir tres veces esta oración,  la cortina de la ventana se desplazó hacia adelante cubriéndome todo el cuerpo. ¡¡Lo curioso es que la ventana estaba cerrada!!

Yo, con los ojos cerrados noté desde la cabeza a los pies un hormigueo y una corriente por todo el cuerpo. No cesaba de temblaba . Cuando abrí los ojos vi un resplandor por todo el salón, al rato la cortina volvió a a su posición normal. Por un momento creí estar en el cielo, con un gozo, una libertad y una alegría que no podía entender.

Me levanté sobre mis dos piernas completamente normales, no cojeaba y hablaba perfectamente, llamé a mi esposa: ¡cariño, cariño! ¿Hay algo abierto, alguna ventana o puerta? su respuesta fue que todo estaba cerrado, que no había nada abierto que hubiera provocado corriente de aire. Cuando llegó al salón donde yo estaba me encontró de pie y andando hacia ella completamente sanado todo el remo derecho hasta el día de hoy, sin secuelas. Estuve dando gracias a Dios sin parar y desde ese día sentí una gran necesidad  y sed de Dios. Oraba sin saber lo que era orar, me retiraba a mi dormitorio y lo pasaba fenomenal leyendo la Biblia y hablando con Dios pidiéndole por mi esposa, para que ella pudiera experimentar lo que yo estaba viviendo. Dios respondió mis oraciones y hasta el día de hoy que estamos juntos en el Señor.

Era tanta la alegría que tenía del descubrimiento de un Dios cercano con el que poderme comunicar como lo hago con una persona a quien hablo y me habla, le pregunto y me responde que me dije: ¡Esto el mundo lo tiene que conocer!

Así que cuando tenía que hacer un regalo a alguien le obsequiaba con una Biblia, pues entendí que era el regalo más precioso que se puede hacer a una persona para que conozca de Dios y pueda experimentar el tesoro tan valioso que tenemos en Él. 

Hasta el día de hoy mi deseo ha sido que el mundo conozca a Dios. El está cercano a todos nosotros cuando le buscamos con un corazón sincero.

Un saludo cristiano
José María Herrero