sábado, 6 de febrero de 2016

DEUTERONOMIO: 2ª PARTE





CUARTO DISCURSO: Pacto
CAPÍTULOS 29 Y 30

Este pacto explica las condiciones bajo las cuales Israel iba a entrar en la Tierra Prometida.

El pacto hecho anteriormente en Horeb, por Dios es renovado, y Moisés, que fue mediador antes, lo es también ahora. La gran mayoría pertenecía a la nueva generación y, por eso, para ellos era algo nuevo, y habían ahora de tomar parte activa dando su consentimiento personal al pacto de Dios.

Es curioso el énfasis sobre la circuncisión del corazón. Cap. 30: 6. Esto nos habla de una entrega total a Dios, de un arrepentimiento sincero que se demuestra con una vida constate de obediencia, la cual debe surgir de un principio de amor, y ese amor ha de ser con todo el corazón y con toda el alma.

QUINTO DISCURSO: Consejos 
CAPÍTULO 31: 1 – 23

Los últimos consejos de Moisés a:
  • Todo el pueblo de Israel. Cap. 31: 1-6
  • Josué Cap. 31: 7-8
  • Los sacerdotes (Los hijos de Leví) Cap. 31: 9-15
  • La advertencia de Jehová Cap. 31: 14 – 21
En este discurso Moisés anima al pueblo que está para entrar en la tierra de Canaán, y anima también a Josué que los va a introducir en aquella tierra prometida; se cuida de que todas estas cosas no se olviden y permanezcan siempre en la memoria de ellos, ahora que está próxima su muerte. Moisés tenía 120 años y Josué era ya un experto general, un hombre esforzado y valiente.
La Ley fue dada por Moisés, el cual la escribió y la encomendó al cuidado y la custodia de los sacerdotes para ponerla al lado del Arca, a fin de que quedase allí como modelo a seguir a la hora de hacer copias. Esta Ley mandó que se leyese ante la asamblea general una vez cada siete años.
Moisés y Josué son convocados al tabernáculo de reunión, a esperar una manifestación de parte de Jehová. Dios le revela a su siervo que el pueblo de Israel quebrantaría su pacto, pero Dios promete su ayuda. Vemos como Jehová prepara la medicina de antemano, antes incluso de que se produzca la enfermedad.
NOTA: En este cántico que contiene la advertencia de Dios, la tristeza es el elemento característico.


SEXTO DISCURSO: 
 Instrucción
CAPÍTULO 31: 24 – 29

Este discurso se dirige a los levitas y habla acerca de la preservación del libro de Deuteronomio.
Dentro del Arca estaban las tablas de la Ley, al lado del Arca le Libro de la Ley.


SÉPTIMO DISCURSO: Cántico
CAPÍTULO 31: 30 Y CAPÍTULO 32

En este séptimo discurso tenemos un Salmo de una belleza sublime.
Comienza con una solemne apelación a los cielos y a la tierra respecto a la verdad y a la trascendencia de lo que iba a decir, y respecto a la justicia de los procedimientos divinos contra un pueblo rebelde.
También encontramos en esta porción una solemne declaración de la grandeza y de la justicia de Dios.

Después de haber presentado a Dios como el gran Bienhechor de Israel en general, ahora Moisés se refiere a algunos casos en particular de la bondad de Dios para con ellos, y del cuidado que ha tenido para su pueblo.    

En este cántico se describe la apostasía de Israel, al abandonar a su Dios, hecho que iba a suceder en breve, y a lo que ya estaban de antemano inclinados. Dos ejemplos notables de tal perversidad fueron:
    1) La abundancia y la prosperidad iban a ser, como suele suceder, ocasión de suficiencia y sensualidad, de orgullo e insolencia y otros abusos.
    2) El otro ejemplo de su apostasía fue la idolatría. Fue precisamente la idolatría la que les llevó a abandonar al Dios verdadero, pues al querer seguir sus propios caminos y al hacerse amantes de novedades, se hastiaron de servir y adorar al único Dios verdadero.
Este himno de Moisés concluye con palabras de gozo; porque en Israel hay un remanente al que espera un final dichoso. El pueblo de Dios tendrá gozo al fin, y lo tendrá para siempre; su liberación será perpetua. Esta será también la suerte final de cuantos le teman y le sirvan.
Los deberes que Moisés les impone son:


  1. Que guarden con toda diligencia las palabras que les ha testificado.
  2. Que transmitan fielmente todas estas cosas a sus descendientes.
Los argumentos que usa para persuadirles a cumplir todas las palabras de la ley y perseverar en el temor y servicio del verdadero Dos son:
  1. La gran importancia de las cosas mismas que les encarga, ya que en ello les va la vida.
  2. El gran beneficio que les reportaría: “Por medio de esta Ley haréis prolongar vuestros días en Canaán, tipo de la promesa de vida eterna que Cristo asegura para los que guarden los mandamientos de Dios. (Mt. 19:17).
OCTAVO DISCURSO: Bendición
CAPÍTULO 33

Esta es realmente una declaración profética extraordinaria.
Todavía no había terminado Moisés todas sus funciones con los hijos de Israel. Les había echado un sermón de despedida; después del sermón, les había recitado un salmo o cántico; sólo queda ahora despedirlos con una bendición.
Moisés los bendijo:
  • Como profeta.
  • Como padre de Israel, como lo son los buenos reyes para sus súbditos.
Comienza su bendición con una elevada descripción de las manifestaciones gloriosas que Dios les había hecho de sí mismo al darles la Ley; también describe el honor y el provecho que Dios les había otorgado con su Santa Ley.

De la misma manera que Jacob bendijo a sus hijos en el lecho de muerte, Moisés bendice a las tribus que descendían de ellos. Les desea toda felicidad, aunque él no ha de participar de ella porque va a morir pronto.

LA BENDICIÓN DE RUBÉN: Aunque Rubén había perdido el honor de la primogenitura, Moisés comienza por él. Moisés desea y predice que Viva Rubén, y no muera, al hacerse pocos sus varones.

LA BENDICIÓN DE JUDÁ: “Oye, oh Jehová, la voz de Judá, y llévalo a su pueblo; sus manos le basten, y tú seas su ayuda contra sus enemigos.”

Judá fue el primero en emprender la conquista de Canaán, e iba a necesitar la ayuda de Dios de una manera muy especial, ya que las tribus que estaban con él (Simeón y Leví) no le ayudaron e iba a luchar el solo la lucha de todo Israel.

LA BENDICIÓN DE LEVÍ: Al bendecir a la tribu de Leví, Moisés se extiende algo más, no por ser él de esta tribu, sino por cuanto era la tribu de Dios. La bendición de Leví hace referencia:
  • Al sumo sacerdote, llamado aquí varón piadoso, porque su oficio era de piedad y santidad, en señal de lo cual llevaba escrito sobre su frente, en la lámina de oro de su mitra, SANTIDAD A JEHOVÁ.
Ruega que el oficio del sumo sacerdote sea permanente: “...Tu Tumin y tu Urim sean con él (Hebr. Para él).

El Tumim y el Urim eran dos objetos que se les había dado para consultar la voluntad de Dios. A pesar de esta bendición los Urim y Tumin se perdieron en la cautividad de Babilonia y no se encontraron nunca más. Tumin significa integridades; y Urim iluminaciones, así que la bendición de Moisés en forma de plegaria vendría a decir: “Señor, haz que el sumo sacerdote sea siempre un hombre íntegro y sabio”.

  • A los sacerdotes inferiores: los levitas. (vv. 9-11)
Ensalza el celo de Dios por esta tribu cuando estuvieron de parte de Moisés en el incidente del becerro de oro.
Confirma la comisión encargada a esta tribu de ministrar en las cosas santas.
Ruega por ellos para que tengan fuerza y eficacia en su labor y que sean protegidos contra sus enemigos.


LA BENDICIÓN DE BENJAMÍN: A Benjamín se le llama aquí el amado de Jehová, porque el patriarca de esta tribu era el amado de Jacob, el hijo de su mano derecha. A título de curiosidad Saúl y Pablo eran de esta tribu.
Le es asegurada la protección divina: lo cubrirá siempre.


LA BENDICIÓN DE JOSÉ: Que incluye tanto a Manasés como a Efraín. En la bendición de Jacob (Gn. 49), la de José es la más amplia, y también lo es aquí, y de allí toma Moisés prestado el título que da a José, de que es príncipe entre sus hermanos.
Bendice a José con gran abundancia y con gran poder.

LAS BENDICIONES DE ZABULÓN E ISACAR: Tenemos juntas las bendiciones de Zabulón y de Isacar, porque ambos eran hijos de Jacob por Lea, y sus territorios en Canaán eran contiguos; de ellos predice:
Que ambos habrían de disfrutar de una residencia ventajosa y de un quehacer próspero. Zabulón tendría motivos para alegrarse; y Moisés ruega para que tenga éxito en sus salidas, ya que había de ser tribu de hombres de acción y negociantes.
Isacar había de alegrarse en sus tiendas, con vida tranquila y pacífica, dedicado a la agricultura, a la consideración de la naturaleza y a la reflexión sobre las cosas del espíritu. En 1ª de Crónicas 12: 32 vemos que los hombres de Isacar habían sido los maestros espirituales de Israel. Por eso el Talmud (libro donde se recogen todas las tradiciones judías) interpreta la palabra “tiendas” como “hogares para el estudio de la Ley”.

LA BENDICIÓN DE GAD: Esta era una de las tribus que estaban ya asentadas en el lado del Jordán en que Moisés se encontraba ahora.
Le predice que Dios había de ensanchar el territorio de Gad. Y así fue debido al éxito de sus guerras.
Que había de ser una tribu de hombres valientes y victoriosos; de ahí el simbolismo de león; aunque no entraría en guerra por propia iniciativa sino provocado; por eso se dice de él que como león reposa.
Ensalza a esta tribu por lo que habían hecho y por lo que estaban haciendo. Por haber escogido un rico territorio, y luego fue a la vanguardia del pueblo, para ayudar a sus hermanos en la conquista de Canaán, y ejecutó mandatos, es decir la promesa hecha de cruzar el Jordán para ayudar al resto de las tribus.

LA BENDICIÓN DE DAN: Jacob, en su bendición, le había comparado a una serpiente por su astucia; Moisés lo compra aquí a un león por su coraje y resolución. Sansón era de esta tribu. Un dato curioso y extraño es que no aparece en la enumeración en Apocalipsis 7. La explicación más probable es que fue una de las primeras en darse a la idolatría, la más alejada del santuario, pequeña en número, y seguramente fue después incorporada a la de Neftalí, que era hermano uterino de Dan.

LA BENDICIÓN DE NEFTALÍ: Moisés considera esta tribu con admiración y la ensalza. Jacob la había descrito como cierva suelta, por la gracia de su porte, y que pronunciará dichos hermosos. Efectivamente, los hombres de Neftalí parece ser que brillaban por su elocuencia. Dicen los judíos que “la porción de la tribu de Neftalí era tan fértil, y sus productos tan tempranos, a pesar de estar situada al norte, que de las primicias que se llevaban al Templo, las de Neftalí solían ser las primeras, y así ellos eran los primeros en llevarse la bendición del sacerdote, que era la bendición de Jehová”. La Ciudad de Capernaún y Betsaida eran ciudades situadas en territorio de Neftalí, las más ricas de Galilea.

LA BENDICIÓN DE ASER: Cuatro cosas destacan en la oración y profecía acercas de esta tribu, que tiene que ver con el nombre que Lea su madre le puso al patriarca de esta tribu: Aser, que significa feliz (Gn. 30: 13):
    -Su prosperidad excepcional.
    -El interés y el favor de sus vecinos hacia ellos.
    -La riqueza de su suelo.
    -La continuidad de su fuerza y su vigor.
NOTA: El resumen del versículo 29 nos dice que ¡LA SALVACIÓN ES DEL SEÑOR!


CONCLUSIÓN: LA MUERTE DE MOISÉS. Cap. 34
  1. Una muerte solitaria. Ciertamente toda muerte es así. Su edad era de 120 años.
  2. Una muerte acompañada por una visión. Vio la tierra prometida desde lejos.
  3. Jehová mismo enterró a Moisés. Murió en los brazos de Dios.
Moisés sube hasta la cumbre del Pisgá, el lugar señalado por Dios para que muriese allí. Israel quedaba abajo acampado en las llanuras de Moab, mientras que Moisés ascendía. Suponemos que se despidió de manera solemne de Josué, de Eleazar y de los demás amigos íntimos, que con toda probabilidad le acompañaron hasta la falda del monte, pero no a la cumbre. Allá se dirigía a solas con Dios. Desde la cumbre del monte Moisés baja los ojos de nuevo, hacia la tierra, para ver el Canaán terrestre, la tierra prometida en la que nunca había de entrar. Moisés vio Canaán a distancia, pero desde la cumbre del Nebo, el pico más prominente de la cadena de montañas del Pisgá vislumbró los bosques de Galaad, las cumbres nevadas del monte Hermón, Tabor, Ebal y Gerizim, las alturas de Judá y Benjamín, Sión, el Hebrón, etc.

Murió allí Moisés. Hubo que ser duro para él, la separación, y verse impedido de disfrutar de la tierra prometida, pero como Dios mismo lo definió era muy manso, y se sometió a la voluntad de Dios de buena gana.

Los siervos de Dios mueren por tres razones:
  1. Para descansar de sus labores.
  2. Para recibir su recompensa.
  3. Y para dejar su lugar a otros.
No se conoce el lugar de su sepultura. Yace en un sepulcro ignorado, en una tumba que nadie puede visitar.

Vivió 120 años. Una edad bastante avanzada para su tiempo. Su vida quedó distribuida en tres grupos de cuarenta años:
  • Los primeros 40 años los pasó como un príncipe de la corte de Faraón.
  • Los segundos 40 años los vivió en el solitario oficio de un pobre pastor de Madián.
  • Los últimos 40 años los vivió como un rey entre Israel,, con mucho honor y poder, pero también con gran responsabilidad, con pesadas fatigas y continuos disgustos.
Dice la Palabra que su ancianidad fue muy bien llevada, ya que sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.
Se guardó un duelo por su pérdida por un período de 30 días.
Termina el Deuteronomio y por tanto el Pentateuco con un encomio (alabanza) lleno de honor para Moisés y para Josué.
Josué es ensalzado como un hombre admirablemente cualificado para la obra a la que fue llamado.

Moisés es ensalzado por ser un hombre de veras muy grande, especialmente en dos aspectos:
  1. en su comunión íntima con Dios
  2. y por el poder que Dios le concedió para obrar sobre la naturaleza.
Nunca jamás hubo otro hombre a quien Israel tuviese mayores motivos para amarle, ni los enemigos de Israel mayor razón para temerle.

8. SÍNTESIS: 

 El libro Deuteronomio o segunda Ley, es el último de los cinco libros de Moisés, el cual hace un resumen y pone de relieve el mensaje que contienen los cuatro libros precedentes. No significa esto que sea una mera repetición de lo que se ha dicho previamente. Sin duda que Deuteronomio forma parte de los acontecimientos históricos que han sido dados ya con anterioridad, en particular en Éxodo y Números. Sin embargo va más allá de esos relatos, puesto que los interpreta y los adapta a las nuevas generaciones.

Los acontecimientos están cargados de significado. Moisés nos proporciona bastante historia. Toma la legislación que Jehová le había dado a Israel hacía 40 años, y la adapta a las condiciones de vida de la colectividad en la tierra de la cual Israel se trasladaría pronto.

Cuando fue escrito ese libro, la nación de Israel se encontraba en la tierra de Moab, al este del río Jordán y del mar Muerto. En una oportunidad anterior, Israel había fracasado, por falta de fe, al no entrar en la Tierra Prometida. Ahora, 38 años más tarde, Moisés reune al pueblo escogido, y procura infundirle fe que lo capacitará par avanzar en obediencia. Ante ellos está la herencia. Los peligros, visibles e invisibles, están más allá. Los acompañará su Dios, a quien han llegado a conocer mejor durante sus experiencias en la península del Sianí, una península desierta y escarpada. Moisés comprende, correctamente, que los mayores peligros son en la esfera espiritual; de manera que el énfasis que le da a su mensaje es espiritual. Jehová su Dios es uno; es él quien los ha libertado de la esclavitud. Les ha dado la ley. Ha sellado un pacto con ellos. Son su pueblo, Jehová demanda devoción y adoración exclusivas. Sus caminos les son conocidos al pueblo. Mediante la larga experiencia, Israel ha aprendido que Jehová honra la obediencia y castiga la transgresión.

El libro abarca toda la gama de preguntas que surgen de esta nueva fase de la vida de Israel. Su actitud hacia Jehová es naturalmente el problema principal. Moisés, con toda la diligencia de que puede ser capaz, invita a Israel a confiar en Jehová de todo corazón, y a hacer de sus leyes la fuerza rectora de sus vidas. Esta ley, si se obedece, infundirá vida, y hará que los israelitas sean pueblo destacado entre todas las naciones. Recibirán bendiciones, y las naciones reconocerán que su Dios es Jehová. Pero si Israel imita la conducta de las naciones que la rodean, olvidándose de su Dios, le sobrecogerá la aflicción, y finalmente será esparcida entre los pueblos.

A través de todo el libro, se recalca la fe sumada a la obediencia. En un sentido verdadero, es ésta la clave del libro.

Todo este libro es una disertación divina sobre el tema de obediencia. Ya Moisés tenía evidencia tangible que la nueva generación no era mejor que la de sus padres, y que todo dependía de su obediencia, (la victoria de sus enemigos, prosperidad, felicidad, la posesión de Canaán, y la vida misma) por esto, con toda la fuerza de su ardiente personalidad, Moisés suplica a la nueva generación de israelitas que obedezcan a Dios.

El hecho de que Dios deseara con ansia su obediencia era:
  • Porque eran suyos
  • Porque les amaba
  • Porque deseaba preservarle del mal y prosperarles
  • Como consecuencia de la gratitud a Dios por su misericordia y su gracia.
Este libro se compone de ocho discursos y con el último capítulo una descripción de la muerte de Moisés.
Curiosidades
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JESÚS CONSIDERABA ESTE LIBRO MUY IMPORTANTE.

Es obvio que el Señor Jesús consideraba este libro su favorito durante su vida. Citó este libro y solo este libro durante su conflicto con Satanás. Mat. 4: 1- 11, Lc. 4: 1- 13 con Deuteronomio 8: 3, 6: 16, 7: 13 y 10: 20. Si tomamos en cuenta las muchas veces que los profetas citan este libro en sus escritos debiera haber sido el favorito de ellos también.

COSAS NOTABLES QUE SE ENCUENTRAN EN ESTE LIBRO:

Este libro contiene:
   La primera referencia a la horca. Cap. 21: 22 – 23
  • La única referencia en el A.T. sobre la visión de la zarza ardiendo, Cap. 33: 16
  • La profecía referente a la venida del Profeta Ungido (Jesús) Cap. 18: 15 – 19
TODA LA FUERZA Y LA HERMOSURA DE ESTE LIBRO PUEDE DESCUBRIRSE SOLAMENTE SI LO LEES COMPLETO, ES DECIR, DE UNA SOLA VEZ, ENTONCES ES CUANDO INSPIRA Y CONMUEVE EL CORAZÓN COMO NUNCA.

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